Enfermedades y patologías en la tercera edad. Repasamos algunas de las más comunes en personas mayores y por qué es importante reconocer sus síntomas a tiempo.
En España cada vez hay más personas mayores y muchas familias conviven con problemas de salud propios de la edad. A partir de los 65 años aumentan las enfermedades crónicas. También crece la necesidad de seguimiento, hábitos saludables y, en algunos casos, apoyo en el domicilio.
Las enfermedades en personas mayores tienen particularidades. A veces aparecen varios problemas a la vez. En otras ocasiones los síntomas son poco claros. También influyen la medicación, la movilidad y el estado general.
A continuación repasamos algunas enfermedades comunes en personas mayores, sus señales habituales y cómo actuar ante ciertos síntomas.
El ictus ocurre cuando se interrumpe el paso de sangre al cerebro. Puede pasar por una obstrucción o por la rotura de un vaso sanguíneo. Puede causar debilidad, dificultad para hablar, cambios en la visión y problemas para caminar.
En el ictus, la rapidez es clave. Si aparece de golpe debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o una pérdida de visión, llama a urgencias. Hazlo también si hay un dolor de cabeza intenso y poco habitual.

El Alzheimer provoca pérdida de memoria y cambios en el pensamiento. Con el tiempo, la persona puede desorientarse. También puede cambiar su conducta. A menudo aparecen dificultades para tareas básicas.
Hoy no existe cura. Aun así, un diagnóstico temprano ayuda a planificar y organizar apoyos. También conviene mantener rutinas, ejercicio suave y actividades que estimulen la mente.
La artritis causa inflamación en las articulaciones. La artrosis aparece por el desgaste del cartílago. En ambos casos pueden aparecer dolor y rigidez. También pueden limitar el movimiento, sobre todo en manos, rodillas, caderas y espalda.
El tratamiento suele combinar ejercicio adaptado y fisioterapia. El médico puede pautar medicación para el dolor. En casos avanzados, se valora cirugía o prótesis.
El párkinson afecta al control del movimiento. Puede causar temblor, rigidez y lentitud. También puede afectar al equilibrio. Algunas personas notan cambios del sueño y del estado de ánimo.
El tratamiento busca reducir síntomas y mantener autonomía. La fisioterapia y el ejercicio ayudan mucho. El seguimiento médico también resulta clave.
La osteoporosis reduce la fuerza del hueso. Por eso aumentan las fracturas, sobre todo en cadera, muñeca y columna. Es más frecuente en mujeres tras la menopausia, pero también aparece en hombres.
Para cuidarse, ayuda una dieta equilibrada con calcio y vitamina D. También conviene hacer actividad física adaptada. Y es importante prevenir caídas en casa.
La hipertensión es muy común en personas mayores. Muchas veces no da síntomas. Aun así, aumenta el riesgo de problemas del corazón y del ictus.
Por eso conviene controlar la tensión con frecuencia. También ayudan una dieta saludable, movimiento diario y el seguimiento del médico.
Un infarto ocurre cuando el corazón no recibe sangre suficiente. Influyen factores como la hipertensión, el colesterol alto, el tabaco, la obesidad y la diabetes.
Los síntomas pueden variar. Lo habitual es dolor u opresión en el pecho. También puede aparecer falta de aire, sudor frío, náuseas o mareo. Si sospechas un infarto, llama a urgencias.
Cuidar no es solo acompañar. También implica observar cambios y actuar a tiempo. Esto resulta importante cuando la persona mayor vive sola o tiene varias enfermedades a la vez.
Un apoyo adecuado puede mejorar la seguridad. También puede ayudar a mantener rutinas y reducir riesgos en el día a día.
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Entre las más habituales están el Alzheimer, el deterioro cognitivo, la artrosis, la artritis, el párkinson, la osteoporosis, la hipertensión, el ictus y los problemas cardiovasculares.
Con la edad aumentan las enfermedades crónicas y el cuerpo puede responder de forma diferente. Además, influyen la medicación, la movilidad, los hábitos y el estado general de la persona.
Hay que estar atentos si aparece de repente debilidad en un lado del cuerpo, dificultad para hablar, pérdida de visión, problemas para caminar o un dolor de cabeza muy intenso. En esos casos hay que llamar a urgencias.
Ayuda mucho llevar controles médicos, tomar la medicación correctamente, mantener una alimentación adecuada, moverse dentro de lo posible y adaptar la casa para evitar caídas.
Porque permite observar cambios, mantener rutinas y actuar antes si algo empeora. También aporta seguridad y ayuda a que la persona mayor conserve la mayor autonomía posible.
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